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Manuel Perucho

Recordemos la máxima de Pirrón, el mayor representante del movimiento escéptico del siglo III antes de Cristo: ya que no hay nada seguro (ni siquiera esto mismo es seguro, como afirmó Arcesilao, otro escéptico del período), y ya que, por tanto, toda teoría es probablemente falsa, lo más inteligente es seguir las convenciones de moda de la época.

De igual manera, el movimiento escéptico actual habrá que mirarlo desde ese punto de vista ambivalente: si bien sirve de revulsivo en la comunidad científica y de aliciente para la reflexión, también puede tener un efecto negativo en el desarrollo científico (por su pesimismo) y, por ende, cultural de nuestro tiempo.

... y finalmente, si no hay nada seguro y cualquier hipótesis es válida, ¿qué más da publicar un resultado correcto que uno incorrecto, una aberración reproducible que una irreproducible, o un experimento real que uno imaginario? Esto es lo que podríamos definir como las raíces filosóficas de la parálisis del progreso científico y la victoria de la superstición y del auge de la deshonestidad, mala conducta y fraude científicos.

Pero, aunque la subjetividad en el desarrollo de las teorías científicas es inevitable, siendo más acusada en aquéllas disciplinas cuyas bases experimentadas son menos sólidas y, por tanto, el componente teórico y filosófico más pronunciado; aunque desde cierto punto de vista continuemos tan ignorantes hoy día sobre la naturaleza de la realidad como los griegos del siglo de Pericles; aunque sigamos en el dilema original de la especulación filosófica y no podamos decidirnos entre el "lo que es, es, y lo que no es, no es" de Parménides, y el "lo que es y lo que no es, es" de Leucipo; aunque queden todavía tantos enigmas en la naturaleza, quizá el mayor de todos el que podamos darnos cuenta de ello; aun con esta enumeración de nuestras limitaciones tanto colectivas como individuales, ¿cómo se pueden tomar en serio las dudas filosóficas de esta epistemología relativista, de este agnosticimo escéptico y nihilista, sobre la existencia de una realidad exterior al observador?

Jose Luis de Vilallonga (1990)

Comprendí, oscuramente todavía, que el amor que se siente hacia una mujer está en proporción directa a la calidad del asombro que despertamos en ella. Si la admiración mata a la larga al amor, por venir del entendimiento, el asombro lo exacerba, porque viene del alma.
(Agosto 1990: "Comentarios de Fellini al amor")

En no recuerdo qué región de África  -creo que fue en el antiguo sultanato de Zanzíbar- tuvo lugar hace años una cuenta batalla tribal entre gigantes y pigmeos. Siendo mucho más numerosos, la ganaron los enanos. Lo primeo que hicieron fue cortarles las piernas a los gigantes. Cortar, decapitar, tajar, aserrar, rebanar y, en resumidas cuentas, rebajar, es una vieja afición común a todos los enanos del mundo.
(Octubre 1990)


Lo hacía con el gracejo y la desenvoltura de aquellos que intuyen que de las cosas serias conviene hablar con cierta ligereza, ya que el tono doctoral y grave no les va más que a los que no saben de lo que hablan.
(Nov 1990: "Sobre Miguel Maura")

Toni Negri

Pienso ahora en Spinoza. La alegría es lo fundamental, y creo que hay que buscar con inteligencia el placer. Y tal placer se refiere a toda la vida del hombre, y es la más alta dignidad del hombre.
(Agosto 1990)